Reparación de fugas de gas refrigerante

Del recién encuentro del ORM, compuesto por los máximos expertos e investigadores del ozono, surge una certeza: a pesar de que la capa de ozono estratosférico se está recuperando gracias a las medidas de contención adoptadas en los últimos años, no debemos bajar la guardia.
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Fue en 1995 cuando el científico mexicano Mario Molina recibió el Premio Nobel de Química por descubrir el poder destructivo de los CFC (clorofluorocarbonos) sobre la capa de ozono. Junto a él, su colega Frank Sherwood Rowland, quien acuñó el término que todavía se utiliza hoy en día «agujero de ozono», para indicar el aumento anómalo de la capa de ozono, causa del crecimiento exponencial de la radiación ultravioleta en la superficie terrestre.

Químicos visionarios, sin duda, cuyo trabajo ha sido una inmensa contribución al futuro del planeta. Fue gracias a sus investigaciones y sus estudios, de hecho, que los gobiernos de los países individuales empezaron a cuestionarse sobre qué hacer, acabando por adoptar una solución global: el Protocolo de Montreal, destinado a proteger al planeta de esos gases llamados ODS (ozone depleting substances) responsables del agujero de ozono.

El tratado internacional prohibió primero el uso de CFC sustituyéndolos por HFC (hidrofluorocarbonos), mientras que, posteriormente, también reconoció el límite de estos últimos, tan seguros para la capa de ozono como potentes gases de efecto invernadero con un efecto de calentamiento global de hasta 23.000 veces mayor que el CO2.
A partir de esta conciencia, la introducción de la enmienda de Kigali en enero de 2019, que preveía la incorporación de HFC a la lista de sustancias controladas del Protocolo de Montreal, a favor de gases con menor potencial de calentamiento global.

De ser un tratado internacional para combatir el problema del aumento de la capa de ozono, el Protocolo de Montreal se ha convertido así en una herramienta fundamental en la lucha contra el cambio climático, así como testimonio de uno de los éxitos más grandes en el campo ambiental.
La importancia de este tratado internacional también fue confirmada por una investigación reciente publicada en la revista científica Nature por el científico climático Mark Ross England.
El experto analiza dos escenarios climáticos diferentes: uno, en el que no existen límites al uso de CFC y otro en el que su uso es limitado, destacando que en este último caso el calentamiento de la superficie ártica y el derretimiento de los glaciares son solo la mitad de lo que son en el primer escenario.

Pero ¿qué tiene que ver Errecom con la capa de ozono? ¡Mucho más de lo que imaginas!
De hecho, desde 2001, la empresa con sede en Brescia estudia y desarrolla innovadores detectores de fugas en su laboratorio químico, con el objetivo de localizar y sellar permanentemente las fugas de gas refrigerante que pueden desarrollarse en sistemas de aire acondicionado y refrigeración residenciales, comerciales e industriales.
Errecom tiene entonces la solución al problema, pero en realidad ofrece mucho más. Los tapones de fugas y los aditivos, de hecho, son ideales para su uso también con vistas a la estrategia preventiva. Por un lado, el tapón de fugas del líquido Extreme Ultra, una vez insertado, permanece en el sistema y sella las fugas que puedan surgir con el tiempo. Por otro lado, aditivos como No-Acid Ultra o Super-Dry Ultra resuelven y previenen respectivamente el problema de acidez y humedad en los sistemas, ambas causas potenciales de la creación de fugas.

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